Diccionario Alpinismo

Diccionario Alpinismo

A

A: Abalakof, Abruzos, Aiguille, Antamaten, Alaska, Allain, Almer, Aneto, Anglada, Antartida, Apolabamba, Arnold, Asselin, Assiniboine, Audouvert, Aventura, etc.

Alpinismo: (alpinista, estilo alpino) es la opción mínima para enfrentarse a un obstáculo-problema de la naturaleza, por regla general una montaña, y resolverlo por uno mismo siendo responsable del resultado. Es decir pasar hambre, sueño y miedo y sobrevivir. Lo demás no es alpinismo si no las escusas que se ponen a nuestra propia incapacidad. En el mundo anglosajón se usa más el término “technical mountaineering”.

Estamos al pie de la cara sur del Lhotse y la discusión versa sobre la posibilidad de dejar una carga de gas en la vía normal de la montaña, suponiendo que aclimatemos en ella, y de si ese acto nos puede llevar a que sea alpinismo o no nuestro intento para escalar la cara sur en estilo alpino.

Por regla general quien es alpinista usa el término “alpinismo” con moderación, casi con parquedad; o no lo usa ni se plantea que nombre ponerle a lo que hace. Y quien no lo es, o quien no tiene ni idea de lo que dice, lo introduce en todo momento en conversaciones, entrevistas o textos. Con lo que al final lo único que logramos es la existencia de una confusión generalizada de lo que es y de lo que deja de ser alpinismo. Para mí, personalmente, es hacer una actividad máxima en montaña con el mínimo despliegue parafernalio posible, y esa diferencia de parámetros la suplimos con nuestra técnica personal y nuestra gestión del riesgo. Es el resultado de una historia de exploración y conquista, tanto de uno mismo como de la naturaleza. Quien haga el Aneto me dirá que esta haciendo también alpinismo, y así es; mientras no suba en helicóptero, en moto, o coloque cuerdas fijas o campos de altura, por que estará haciendo una actividad técnica (cuerda y crampones) y estará corriendo un riesgo (consciente o inconscientemente). Más que las cosas sean o no alpinismo también es una cuestión de gradación de calidad, hay actividades hechas de mejor o peor manera. En el mundo actual lúdico divertido y deportivo exitoso, no interesa el sufrimiento del riesgo, sí el sufrimiento físico del machacarse que no es lo mismo. Tiene más valor lo que contamos que realmente lo que somos o seamos capaces de realizar. El alpinismo, como otros semideportes; travesías en veleros o submarinismo, pueden desaparecer o acabarse o convertirse en una sombra risible de lo que fueron, no tener lugar en el futuro tal como son o han sido, y con ello no pasara nada, pero al ser humano  si le gusta usar una terminología épica para lo cotidiano: la lucha diaria, el Conan de barrio y el alpinismo de paseo.

 Gasherbrum-IV

CARA OESTE DEL GASHERBRUM IV

 

En el Gasherbrum IV tenemos toda una enorme montaña para nosotros dos solos, estamos felices y aterrorizados. El oficial de enlace y el cocinero alguna que otra vez, cuando se aburren de estar en el campo base, toman el camino hacia Concordia  para ver caras nuevas y tener alguien más con quien poder hablar o jugar a las cartas. Nosotros nos vamos a aclimatar a la ruta americana de la montaña con el mínimo peso posible, solo se trata de adaptarse a la altura acampando delante de la inmensidad de montañas desconocidas del Karakorum, pasar unos días en la ruta hasta llegar a una altura alrededor de los siete mil metros. Como solo llevamos una cuerda al bajar recogemos restos de cuerdas fijas dejadas por anteriores expediciones para, empalmándolos, poder tener más longitud de cuerda y hacer los rapeles más largos y así tener que destrepar menos trozos de pendiente.

En la cara oeste de esta mole, a la derecha del itinerario de Kurtyka, intentamos abrir una nueva ruta. Después de dos días de escalada en la pared, y luego de pasar dos noches a siete mil doscientos metros envueltos en la ventisca de la tormenta, con la tienda montada en una incomoda e inclinada repisa que nos escupe hacia el vacio y esperando que la tela no se rasgue por las violentas ráfagas de viento. Al final nos tenemos que bajar de la montaña, el mal tiempo nos ha obligado, en la inactividad, a comernos los pocos alimentos que llevábamos para la ascensión.

De bajada, después de rapelar parte de la pared, al pasar por el CI del GII (parece un juego de barcos), donde tenemos unos cuantos amigos camino de la cima, decidimos intentar subir a esta montaña. Pero para nosotros no cuenta como actividad puesto que es una ruta abierta hace cincuenta años donde hay huella, gente, basura, tiendas y cuerdas fijas; es una bonita excursión montañera, tal como nos la encontramos, pero para nosotros no es alpinismo, sin embargo sí lo ha sido estar perdidos en las inmensas laderas solitarias del G IV.

 

B

B: Baffin, Balmat, Baltoro, Barmasse, Bavaresa, Beghin, Bellefon, Blanchard, Bohigas, Bonington, Bramani, Bridwell, Buhl, Burgener, Buzzati, etc.

Bonatti, Walter: Durante mucho tiempo tuve una fotografía en color encima de mi mesa de estudio, estaba rodeada por otras reproducciones que iban y venían según la estación de los sentimientos, pero esta permanecía. Era una imagen de escalada en las paredes del Valle de Ordesa y estaba clavada con una brillante chincheta que con el tiempo fue envejeciendo y oxidandandose sobre la pared pintada de verde; de este color original de la habitación solo quedaban algunos espacios sin invadir puesto que todo lo demás estaba lleno de grafitis, dibujos y recortes de temas de montaña. Sobre esta foto había escrita una frase con tinta azul, que ya no sé de donde salió o si su atribución es correcta: “asomarse al abismo de uno mismo”, la cito de memoria. No hablaba de héroes ni de proezas alpinísticas, sólo hablaba de la cumbre más difícil de conquistar: conocernos. Hoy en día parece que se busca más lo contrario; lo importante es que se nos mire. Abrir una vía sólo tiene valor si se fotografía o se publica, encadenar un itinerario es para que se nos vea, subir una montaña es importante si se habla de ello y si ademas hay polémica las revistas o las paginas webs estarán más interesadas, las trompetas de la fama ensordecen la realidad. Al final de la frase venía el nombre de su autor: Walter Bonatti.

 Bonatti

 

Por mi parte el motivo principal para acudir a los Piolets d´or del dos mil diez era poder estrechar la mano de esta persona que representa, sin lugar a dudas, la herencia viva del más notable alpinismo, “quizá el alpinista más puro que jamás haya existido” en palabras de Doug Scott. Poder estrecharle la mano y mirarle a los ojos para intentar vislumbrar algo de la razón de esa pasión, absorber parte de ese coraje cuando habla de la escalada de las montañas y le brillan los ojos con intensidad. Por un momento a través de los dedos sentir el pálpito de esa sangre imparable, de esa alma imbatible aunque ubicada en un ya encorvado pero vigoroso cuerpo.

A pesar de las críticas y envidias vertidas sobre él a lo largo de su carrera está considerado por la mayoría como el mejor alpinista de todos los tiempos. Sus itinerarios son sinónimo de calidad y sus escritos imagen de pasión y buen hacer. No es este el lugar para detenernos en detallar su historial, solo recalcar que ha sido la personificación de lo joven y rebelde y de lo humano y tenaz, con una profunda certidumbre de cómo tenía que hacer las cosas. Nos basta recordar su lucha acérrima por aclarar los hechos de la histórica primera ascensión al K2 (la segunda cumbre del mundo), cosa que consiguió cuando cincuenta años más tarde de la escalada el Club Alpino Italiano tuvo que reconocer que Bonatti tenía la razón. Trabajó como guía de montaña pero renunció a esta profesión; porque para él la unión de la cuerda era algo que estaba fuera del mundo del comercio, la cuerda era un vínculo espiritual entre los miembros de la cordada. Hasta el gran Gaston Rebufat en su libro mítico, biblia para muchas generaciones de aspirantes a alpinistas, de las Cien Mejores del macizo del Mont Blanc, primera colección centenaria que después traería muchas otras obras con la misma idea, tuvo que alterar un poco las últimas ascenciones del libro, las más difíciles y emblemáticas, para que no todas fueran las abiertas por el italiano. También hay que recordar su creatividad demostrada en múltiples ocasiones como en mil novecientos cincuenta y cinco cuando intentó organizar una expedición al K2 para intentarlo en solitario, en estilo alpino y sin oxígeno, sin duda boicoteado por un sistema que veía en ese joven un peligro para sus gestas heroicas. Estaba varias décadas adelantado a los alpinistas de su tiempo, y a bastantes de los autoproclamados alpinistas actuales.

 Para terminar sólo puedo dejar que sean sus propias palabras las que nos hablen: “La montaña me ha enseñado a no hacer trampas, a ser honesto conmigo mismo y con lo que hago. Afrontada de cierta manera, la montaña es una escuela indudablemente dura, a veces incluso cruel, pero sincera, lo que no siempre sucede en la vida diaria. Así pues, si traslado estos principios al mundo de los hombres, me veré considerado al instante como un tonto. Es verdaderamente difícil conciliar estas diferencias. De ahí la importancia de fortalecer el espíritu, de elegir lo que se quiere ser. Y, una vez elegida la dirección, se debe ser lo suficientemente fuerte como para no sucumbir a la tentación de tomar otra”.

 

 

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C: Cadier, Capitan, Carrel, Cárpatos, Casarotto, Cassin, Caucaso, Cesen, Civetta, Clavija, Comici, Contrabandista, Congelación, Couzi, Crampones, Crowley, Croz, Cuerda, etc.

Compromiso: “Si soy mis compromisos dejo de ser mis circunstancias y mis explicaciones”.

Salgo de viaje y subo a un avión. Cojo del montón un par de periódicos de esa prensa nacional que puedes leer gratis mientras la azafata hace gestos estrafalarios sin que nadie le haga ningún caso. Ojeando los titulares rimbombantes y las fotos espeluznantes me encuentro un escrito que versa sobre las montañas. Iluso de mí decido leer la columna entera por si encuentro algún atisbo de clarividencia. El horror me invade; me quedo pasmado de la sarta de incorrecciones y barbaridades que están impresas. Cuando consigo cerrar la boca pienso en si vivimos demasiado rápido y no tenemos tiempo de contrastar las cosas; todo se convierte en un galimatías de puzzle abstracto, pero moderno, de recortes y pegados. Todo el mundo cree que sabe o vende que sabe, ¿pero acaso no hay un revisor, un filtro, un responsable? ¿Qué disparates se dirán sobre los temas que no conozco: la salud, la economía, y no digamos la política? El lector pensara que estoy exagerando. Pues no creo. En un diario importante de la presa nacional contando una historia de montaña a mi me citan como muerto. Extraña sensación la de leerse muerto, borrado del mapa. ¿Estaré ya en el cielo?, entre nubes si que voy solo me falta ver a algún angelito gordinflón. ¿O ya estoy en el infierno? Ya me veo con mi nombre en un montón de piedras de algún tres mil terciario. O se me recordara en alguna fiesta transfronteriza donde mis amigos estarán todos borrachos nada más empezar y parpadearan como vampiros perplejos de olvido con los ojos soñolientos a la salida del sol. Como se puede hablar con tanta desfachatez de lo que no se sabe. En esta mundo moderno nos vence principalmente la pereza, la comodidad, el egoísmo y la ignorancia: todo lo que no sea compromiso.

Cuando usamos todos los medios posibles y damos todo tipo de justificaciones fuera de lugar para “vencer” una montaña; entonces nos esta dominando la desidia, el monstruo del conformismo, no luchamos más, nos rendimos. Lo mismo que no puede existir la escalada sin la caída, sin la oposición de la ley de la gravedad, no puede existir el alpinismo sin riesgo; la aceptación de este y el juego de saber gestionarlo son nuestro compromiso con la montaña. Si buscamos la manera de eludir la responsabilidad estamos fallando, engañándonos y es cuando damos explicaciones sin sentido y  excusas baratas de lo que hacemos. Cuando  Emilio Comici (1901-1940) prescindió de su material, que le impedía escalar como él deseaba, en la repetición de su propia ruta a la cara norte de la Cima Grande de Lavaredo en solitario, acepto el compromiso, la responsabilidad de asumir un riesgo, de decidir, de hacer algo más allá de lo posible y rubricar sus ideas sobre escalada con la acción y no solo con la palabra. Realmente pocos escaladores actuales podrían igualar su escalada en solitario en poco más de cuatro horas a una de las grandes paredes rocosas de los Alpes. Comici fue capaz de construir, como todo visionario, parte de las bases de la escalada en roca del futuro; trepó lo desconocido, concibió lo que le era necesario y caviló sobre escalada. Invento un sistema de rappel (rappel Comici), fue de los primeros en entrenar sistemáticamente y en buscar paredes pequeñas y bloques para ejercitarse a si mismo y probar la valía de sus clientes. Guía de talento, escalo con quienes lo contrataban en Grecia, Egipto o España, donde escalo en Los Galayos. Pero tal vez lo más importante que aporto, a diferencia de otros grandes escaladores de su época, fue la idea de la dificultad junto a la estética de los itinerarios en las paredes y el estilo en la ejecución de la escalada. Para el la línea más estética por donde discurre el itinerario para ascender una pared es la que traza una gota de agua al caer desde su cumbre; el trazado directo. Y sobre todo su estilo: el estilo Comici; la danza, el arte de la escalada, la aparente facilidad de ejecución, sin esfuerzo, para superar la vertical.

Aterrizamos y salgo de mi somnolencia. Tengo un compromiso; ¿denuncio a quien me ha matado con la palabra? Veo que la prensa como el resto de lo humano, no es sagrada; se han equivocado y no estoy muerto, a pesar del aterrizaje. El verdadero compromiso nace desde nuestro interior y tiene como fundamento el conocimiento, no puede existir viendo las cosas desde el otro lado de la barrera.

 

CH

CH: Chacraraju, Chalten, Chamonix, Chang, Changabang, Charlet, Chatarra, Chaverri, Chimenea, Chomo Lonzo, Chogolisa, Chogori, Chomolungma, Chortem, Chouinard.

Chomolungma: Es la Madre del Universo. Los nepalís como no podían ser menos en los años sesenta se inventaron el nombre de la Cabeza del Cielo: Sagarmata. Los invasores chinos, por su parte, reclaman el nombre que aparece en sus mapas con unos trecientos años de antigüedad: Qomolangna Feng. El poder del imperialismo europeo, en este caso Británico, a través del Gran Proyecto de Topografía Trigonométrica de la India, se dedico a explorar y cartografiar la en aquellos momentos colonia. Entre los muchos logros del proyecto se encuentra la localización y medición de las montañas más altas del Himalaya y Karakorum. En un determinado momento se encontró un pico marcado como "Pico XV" que parecía ser el mas elevado del planeta. Poco después a algún funcionario pelota se le ocurrió ponerle el nombre de su jefe: George Everest.

El ser humano tiene la necesidad de comprender el mundo y dominarlo para poder vivir en el, para ello necesita organizarlo poniéndole nombre a las cosas. El sistema de los nombres es la primera clasificación del mundo, la primera ciencia, a través de el podemos conocer la realidad; sabemos así donde estamos y donde nos movemos. Un mundo sin nombres no es un mundo, un pensamiento sin palabras no existe. Sin los nombres no sabríamos a que montañas acudimos, o donde se encuentran, o por donde ascenderlas: el Aneto (Nethou para los franceses) por Aigualluts o por Coronas. Cuando sabemos el nombre de una cosa nos quedamos tranquilos. Creemos que bajo de cada nombre hay una cosa y que cada cosa tiene su nombre que la identifica y así conociéndola nos es mas familiar, menos peligrosa. Las montañas son ambivalentes, contienen lo sagrado y lo demoniaco. En todos los continentes existen Montañas o Montes Blancos como símbolo de lo puro. Los nombres de la maldad son mas variados pero igual de extendidos: Torre del Diablo, Montes Malditos, Picos del Infierno, Monte Disgrazia, Monte Terror...Es necesario nombrar, también podría valer numerar es el mismo acto pero menos estético e imaginativo. Hay nombres interesantes que nos remiten a una forma, a una situación, a un color o al recuerdo de una imagen escondida en sus líneas: Forcanada, Pedraforca, la Momia, el Puro, el Huso, el Hueso, Sierra Negra, Peña del Medio Día, Chacraraju (montaña arada), Peña Olvidada, Peña Vieja, Jungfrau (doncella), Monte Perdido...Hay otras que su imagen es totalmente diáfana: Gran Tetón, Caball Bernat (carall trempat-carajo erecto), Shivling (Shiva lingam-pene bífido se Shiva).

Pero a poco que profundicemos perdemos la fe en el valor de la mirada del mundo implícita en la lengua. Nos asusta la fuerza de la palabra del poderoso, se usan los nombres para marcar el territorio. Nos desazona cuando cada hombre o grupo de hombres usa cada palabra para cosas muy diferentes, o nombran las cosas de distintas maneras para apropiárselas. Así surgen montañas con diversos nombres: Cervino (en Italia) o Matterhorn (en Suiza), Picu Urriello o Naranco de Bulnes, Kunbakarna o Jannu o Phoktanglungma, Chogolisa o Bride Peak, K1 o Masherbrum, K2 o Chogori (montana grande) nombre así mismo totalmente inventado en la modernidad puesto que los baltis llaman así a diferentes montañas. Conforme nos alejamos de esa relación imagen-realidad nos encontramos cada vez con palabras o nombres mas aleatorios o dispares de las cosas. Así ocurre con la montaña cuando se le colocan nombres que ya nada tienen que ver con ella. El máximo exponente de ese  antropomorfismo, de la degradación de la naturaleza y pretensión de superioridad humana es el bautismo de las cumbres con nombres propios de personas. Debemos comprender que las cosas existen sin los nombres. Es bien fácil ver que, por mucho que se cambien los nombres las cosas, los hombres, las montañas siguen siendo lo que son. Ejemplos de esa estupidez humana son nombres como: Fitz Roy (Cerro Chalten), Cook (Aoraki en maori), Mc Kinley (Denali) y otros muchas como; Russell, Beraldi, Margarita, Mummery, Sebas...

Las palabras nos guían en el mundo, pero también nos extravían. No nos entendemos sin las palabras, nos entendemos mal con las palabras. Bajo distintas palabras hay lo mismo, bajo una misma cosas diferentes. Nos ayudan a conocer, nos ayudan a combatirnos. Llevan a inventar y confundir, a disimular y a la verdad, a la fantasía y al enfrentamiento, a saber y a mentir. Están al servicio de la ciencia y del pensamiento, y del odio, y sobre todo de la duda. Nos humanizan, para lo bueno y para lo malo. Por ello habría que usarlas con el máximo cuidado, con la máxima honestidad, sobre todo cuando bautizamos cosas que no son nuestras.

 

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