Diccionario Alpinismo

Diccionario Alpinismo

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L: Latorre, Lavaredo, Lazcano, Lammer, Lake District, Lepiney, Listas, Libre, Livesey, Livanos, Literatura, Ligero, Lochmatter, Longstaff, Loretan, Lucas.

Literatura: El penetrar en los templos siempre me ha dado miedo. Sean virtuales o no, son un santuario dedicado a alguna magnificencia oculta, a algún tipo de poder. Además, predominantemente están desiertos, en ellos no se ve a casi nadie, son como una capilla a lo extrahumano. Invariablemente la fría mirada que el sacerdote me brinda por mi intromisión me paraliza; es mi ignorancia que se enfrenta a la sabiduría de los tiempos embalsamados.

La bibliotecaria de la ENSA (escuela nacional de esquí y alpinismo francesa) me mira por encima de sus gafas con reprobación. Siglos de la historia de la montaña me observan, el templo de lo que el alpinista se supone que es me envuelve. Por otra parte, y al mismo tiempo, siento que hay que desconfiar de ese saber donde se acumula el polvo, y que a veces me parece que no nos lleva a ninguna parte.

Mi primera idea era confeccionar una lista; un top 10 o un canon de la literatura de montaña. Pero en cuanto hice mis primeras averiguaciones me encontré con que la dispersión de gustos era total, no existe ningún libro o libros que realmente destaquen sobre los demás, literariamente hablando. Tras esto, intenté cerrar un poco el abanico de posibilidades, elimine los libros técnicos, las recopilaciones históricas y los artículos sueltos en revistas. Me quedaron solamente las autobiografías, las biografías y las novelas de ficción. Pero aún así no había ningún tipo de acuerdo entre los montañeros a quienes indagué sobre cuales eran esos supuestos mejores escritos. ¿Por qué? Me pregunto. Por desgracia es obvio, la literatura de montaña es tan floja que no parece aportar nada verdaderamente con sustancia al mundo de las musas. En nosotros solo prevalece una relación de comprensión con el autor a través de lo compartido, de alguna manera estamos en el mismo juego; si es de nuestra tierra, si lo conocemos o tenemos amigos comunes, si hemos realizado sus ascensiones o hemos estado cerca, que la historia que nos cuenta se parezca a lo que nosotros mismos pensamos: el sufrimiento, la espiritualidad, la muerte, el héroe... Nos arrastra una aventura, pero no la literatura, no la forma en que esta contada esa aventura. ¿Como es posible que una vivencia tan intima como la de la montaña no aporte ninguna buena historia? Tal vez el problema esta en que quien la vive, muy a su pesar, no es capaz de contarla. Somos aventureros pero no escritores; podemos contar historias al lado del fuego pero no sabemos trasmitirlas en un texto. Esto queda claro en el hecho de que, dentro de la historia de la montaña, nadie ha sido capaz de narrarle de forma convincente al profano por que se va hacia las cumbres. Por otra parte los buenos escritores y traductores parece que de momento son incapaces de narrar la vivencia del alpinismo o interesarse en transmitirla.

Josep Anton Margalef, un reconocido científico español, en cierta ocasión dijo que todo ser humano, a lo largo de su vida, tenia que realizar su propia lista de logros. En esa ocasión el hablaba de datos científicos. Pero verdaderamente la lista que hayamos confeccionado con lo recogido en la vida reflejará lo que nosotros seamos en realidad. No es una lista de otros que intentamos imitar, sino la que uno mismo se confecciona día a día con lo que busca y encuentra. Por eso no daré ningún top 10 de literatura de montaña. Dejare que cada cual busque su camino en las montañas de libros. Que cada cual llene, y ordene, su propio templo y que los demás podamos mirarlo y saborearlo, si nos apetece.

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M: MacInnes, Madinabeitia, Maestri, Mallory, Martinez, Masherbrum, Mazeaud, Messner, Merkl, Meru, Mixto, Mochila, Montserrat, Montaña, Mosquetón, Mummery, Mustagh.

Meru: A parte de ser una montaña sagrada en varias mitologías, entre ellas la hinduista, es también una montaña real del Himalaya de la India. En esta última década se ha ido poniendo de moda según acudían a ella alpinistas de fama internacional. Antes de que esto ocurriera, y tras nuestra postrera conversación con Miriam Garcia, un grupo de amigos decidimos ir hacia las cumbres del Garhwal a tentar el signo de las cimas.

Éramos jóvenes e ingenuos. No éramos ni jóvenes ni inocentes. Algunos tal vez sí, pero otros no. La juventud es como una quimera y la ingenuidad una excusa. Éramos cuatro párvulos que partíamos a la conquista del mundo. No los mismos cuatro que en un principio empezamos con la idea, puesto que uno de nosotros se descalabró escalando en el Pirineo. Por ello rodeados de cervezas en un oscuro bar de Logroño, Germán me habló de un joven prometedor que aunque apuntaba maneras de divo se dejaría engañar, porque para ser alpinista hay que ser de fácil engatusamiento, un tal Simón recién bajado de la salvaje sierra riojana. Queríamos poseer la fama fácil y vivir del cuento o por lo menos trabajar lo menos posible. Pero Germán pasaba de esa señora, la fama y sus trompetas, y como era nuestro gurú nos convenció para que nos dedicáramos solamente a escalar, que era una actividad que no servía absolutamente para nada y de dónde no se podía esperar ningún beneficio, más bien algún daño físico. El cuarto miembro de la expedición era Juan Carlos, hermano de Germán, era el tesorero, desgraciadamente no existía ningún tesoro que proteger, y no había mucho que administrar puesto que íbamos con lo puesto y dispuestos a gastar lo menos posible. Teníamos alguna idea del espíritu hinduista arraigada en nosotros, como la de que con poco se puede vivir, aunque tuvimos que discutir bastante con los taxistas de Delhi para convencerles de nuestra honradez espiritual. Ya no éramos jóvenes, por lo menos yo, e íbamos a morir en el anonimato acompañados sólo por nuestro ego. Las diarreas y el yoga eran nuestros enemigos y no la montaña que era indiferente a nuestros esfuerzos. Todo salió bien, no se ha sabido nunca si por buena o mala suerte, o por que Shiva nos echó una mano a pesar de nuestra incredulidad. No teníamos claro, ni tan siquiera lo que era el estilo alpino; así que jugamos con el estilo cápsula que nos sonaba a caminos perdidos entre las estrellas. Tampoco hacíamos caso de las previsiones meteorológicas, porque no las teníamos, ni había forma de conexión con el mundo exterior. Nuestras dudas existenciales las consultábamos al shadu de turno, que vivía en una choza cerca del nacimiento del Ganges, donde de entre una nube de marihuana su voz nos iluminaba. En esa ocasión el "Manual del moñas" se nos olvidó en casa ya que nadie rehuía hacer el largo que le tocaba, más bien nos peleábamos por hacer más metros de primero de cuerda, en nuestro esfuerzo de que lo inútil fuera lo más absurdo posible. ¿Por que estábamos colgados de esa pared? Creíamos tener poderosas razones, pero las habíamos olvidado en el trayecto de llegar hasta allí, o nunca las habíamos tenido. La verdad es que éramos un mal ejemplo para nuestros hijos, que por otra parte aún no teníamos.

La diapositiva de cima es un recuadro de cielo azul donde asoman, apenas en la parte inferior, nuestras cabezas. No sabemos si la foto es para dar idea de la inmensidad de lo que nos queda por aprehender, o porque el fotógrafo movió el encuadre cuando se estaba cayendo de espaldas en el abismo.

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N: Nakamura, Namche Barwa, Nanda Devi, Naranjo, Navarro, Nepal, Nevado, Nieve, Nilgiri, Non-stop, Normal, Norte, Norton, Nudo, Nuptse.

Nudo: La expresión nudo gordiano procede de una leyenda según la cual Gordias, un campesino de Gordión, la capital del antiguo reino de Frigia (en la actual Turquía central) llevaba sus bueyes atados al yugo con unas cuerdas anudadas de una forma tan intrincada que era imposible desatarlas. Según la tradición, aquel que consiguiera desatar el nudo gordiano tendría vía libre para conquistar Oriente. Cuando Alejandro Magno se dirigía a conquistar el imperio Persa, en el año 333 a.n.e., tras cruzar el Helesponto, conquistó Frigia, donde se enfrentó al reto de desatar el susodicho nudo. Al no poder desatarlo, la solución expeditiva tomada por Alejandro Magno consistió en cortar el nudo con su espada. Así, según el oráculo, Alejandro pudo conquistar Oriente. 



El nudo o los nudos pueden ser un buen símbolo del alpinismo. Para algunos es la cuerda y su derivado la palabra “cordada” quienes ostentan ese distintivo, pero no olvidemos que algunas actividades alpinas se realizan sin cuerda; como el bloque o la escalada en solo, y que al final lo que nos une a la cuerda es el nudo. Nos atamos los gatos, las botas, cerramos la bolsa del bocadillo con un nudo y cuando se nos caen los pantalones, con un trozo de cuerda atada, nos los podemos sujetar. Asimismo, como vio Alejandro, un nudo es más cosas que el apartado físico, técnico de una maniobra con una cuerda, puede ser también la metáfora de muchas cosas; el nudo mortal que Toni Kurz no pudo superar cuando colgaba de la cara norte del Eiger, las cuerdas de las que se liberaba siempre el escapista Houdini, el misterio que supone para un profano la maniobra del rappel: deslizarse por una cuerda y después quitarla sin dejar nada, los nudos empotrados del Elbsadstein y el nudo que se nos hace en el estomago o en la garganta cuando el miedo nos atenaza. Hace unos pocos años poder realizar correctamente el nudo del zapato o de la corbata era la prueba demostrativa de que podíamos entrar en el mundo de los mayores, por lo menos era un argumento de nuestra independencia; no nos hacia falta nadie para vestirnos. Ahora con velcros y clips ya no hay nudos con lo que no sé si somos más hábiles o más inútiles.

Viendo las últimas actividades de gente como Kiliam o Ueli, si nos fijamos bien en las fotos o los videos, vemos que no llevan casi ningún nudo, ¿será porque les pesan? Ni las zapatillas llevan hoy en día nudos. Todo son cintas, hebillas o cierres plásticos. Podríamos pensar que para estas personas el nudo ya no representa nada. Pero sin embargo es ahí donde entramos en la parte más intrincada de lo que representa un nudo, y esa es la parte en donde esta más relacionado con el alpinismo, cuando el nudo somos nosotros mismos. Donde el nudo es la complejidad y las decisiones; atar, desatar o cortar. Tenemos que decidir, nosotros solos, entre seguir, bajar, sufrir, reír o enfrentarnos a la posibilidad de la muerte, es un nudo corredizo que nos envuelve, ¿o tal vez es de fuga? El nudo es una buena imagen del problema y la solución. ¿Qué es lo que tenemos que hacer? ¿Cuándo hay que sacar la espada y cumplir con el oráculo?

En la tradición tibetana, el nudo infinito es símbolo del cambio incesante de las manifestaciones, el entramado de líneas recuerda el modo en que los fenómenos están interconectados entre sí en un ciclo cerrado de causa y efecto. Toda existencia, nos dice, está vinculada con el tiempo y el cambio, para finalmente descansar serenamente en lo eterno, la mente iluminada.

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O: Oberland, Objetivo, Ocho, Octabo, Odel, Odriozola, Ogro, Oiarzabal, Olan, Olimpo, Ollivier, Opinel, Oposición, Ordesa, Ortas, Ottoz, Oxigeno.

Objetividad: “El oxígeno no es doping… si hubiera un control de doping en el campo base del Everest la cifra de alpinistas que usan sustancias dopantes sería altísimo.” Pontifica Reinhold Messner. Como vemos es una opinión totalmente personal y absurda; es como decir que excuso mis robos en base de que otros también los cometen. Y más que cerrar un tema abre nuevas dudas, porque con este comentario parece que en el Everest todo el mundo va drogado, y si es así las federaciones van a tener que abrir un comité de desintoxicación.

La Objetividad es el valor de ver el mundo como es, y no como queremos verlo. Los seres humanos somos una compleja mezcla de sentimientos contrapuestos, raciocinios utópicos, experiencias parciales y aprendizajes variopintos. Todos estos elementos son los que brindan a una persona una percepción de la realidad; en verdad y sin remedio bastante distorsionada.

El mundo de la montaña, como el del mar o el del aire, a diferencia de todas las demás modalidades deportivas, es un lugar donde manda lo subjetivo, por esto mismo nos podemos pasar la noche hablando de ética en el refugio rodeados de botellas de vino y latas de cerveza, y lo único que nos quedará al día siguiente es el dolor de cabeza de las bebidas espirituosas, no habrá ya resto de los argumentos sostenidos con vehemencia en la negrura de la reyerta con los piolets desenvainados. ¿Quién no ha estado en desacuerdo alguna vez con el grado de una vía o con el horario marcado en una ascensión a una montaña? Hace poco leí el relato de una escalada en la que sus protagonistas la consideraban 100% lograda (así lo ponían) pero se habían quedado a cien metros de la cumbre. La discusión esta servida y además no llegaremos a ningún acuerdo, menudos somos los montañeros para ceder en nuestras opiniones. Por lo menos las revistas, con las polémicas, tendrán algo en que invertir el tiempo. Pero precisamente este juego es lo que da a este deporte su esencia de libertad, y por otra parte de anarquismo. Cada cual disfrutará de las ascensiones de una manera distinta y tendrá que gestionar su integridad física como crea oportuno. También es algo que también nos va a traer en el futuro problemas con la administración. Educación no comprende que en montaña 2+2 puede ser 3,5 o 4 o 4,5, vamos que por ser educación se tendrían que plantear los teoremas de Gödel, donde la verdad es inalcanzable o más bien indemostrable. Y en los temas de seguridad el estado no entiende que el riesgo se gestiona, que no hay varitas mágicas para controlar el riesgo, como pueden ser vetar un territorio o cobrar con la escusa de la eficacia preventiva por el temor al pago o la prohibición. Un vez metidos en la subjetividad habría que diferenciar la opinión personal, de la mentira intencionada y de la responsabilidad de la libertad. Todo puede ser muy subjetivo, pero cuando pongo un horario muy apretado en una guía para que mi ego brille, soy responsable de las consecuencias de los errores de valor que pueden cometer los usuarios de esa guía. Es muy fácil llenarnos la boca con determinadas frases cuando después esquivamos la responsabilidad de nuestros actos.

¿Tienen las cosas valor porque las deseamos o las deseamos porque tienen valor? La primera opción defiende que los valores son subjetivos, es decir, que su existencia depende del sujeto que valora. La segunda, que los valores son objetivos, es decir, que existen independientemente del sujeto que valora; éste, los descubre. Seguramente cada uno de nosotros tendremos que averiguar en cada momento en que punto estamos.

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